• El Comité de Salud Mediambiental de la AEP insta a que se elaboren mapas autonómicos incluyendo suelos contaminados, emplazamientos industriales, emisiones y señales clínicas para identificar territorios de actuación prioritaria
• Los pediatras solicitan realizar controles de plomo en sangre a los niños potencialmente expuestos, sin esperar a que aparezcan nuevos casos
• Concentraciones relativamente bajas de este metal tóxico pueden asociarse con alteraciones del desarrollo cerebral, disminución de las capacidades cognitivas, dificultades de aprendizaje, problemas de atención y cambios de comportamiento
• Pediatría y Atención Primaria precisan formación específica y acceso a unidades especializadas en Salud Medioambiental para hacer segumiento y manejar estos casos
Madrid, 26 de octubre de 2026._La detección de varios menores con niveles elevados de plomo en sangre en el barrio de Los Mateos (Cartagena) ha vuelto a poner de manifiesto la necesidad de reforzar la prevención y la vigilancia de la exposición infantil a este metal tóxico.
La Unidad de Especialidad de Salud Ambiental Pediátrica (PEHSU, por sus siglas en inglés) de Murcia realiza actualmente seguimiento clínico de siete menores de Los Mateos con concentraciones de plomo en la sangre (plumbemias venosas) de dos dígitos —aproximadamente entre 12 y 23 µg/dL— y de una mujer embarazada. Además, se conocen otros dos menores con plumbemias de dos dígitos. Las últimas informaciones publicadas sitúan ya en 16 el número de menores con concentraciones elevadas de plomo en sangre, mientras el estudio sanitario se ha ampliado a los menores del barrio. Estas cifras continúan actualizándose a medida que avanza el cribado y no permiten atribuir automáticamente todos los casos a una única fuente ambiental, que sigue investigándose.
Ante esta situación, el Comité de Salud Medioambiental de la Asociación Española de Pediatría (AEP) (CSM-AEP) reclama avanzar hacia una estrategia nacional que permita identificar las zonas con mayor riesgo ambiental y realizar controles de plomo en sangre a los niños potencialmente expuestos, sin esperar a que aparezcan nuevos casos.
Para ello, propone elaborar mapas autonómicos de riesgo infantil por plomo e incorporar la biomonitorización infantil en los programas de salud en los territorios con riesgo ambiental documentado. “Cuando aparecen varios niños de distintas familias con plomo elevado en sangre en un mismo territorio, ya no debemos preguntarnos únicamente cómo atender a esos niños. Debemos preguntarnos cuántos menores potencialmente expuestos todavía no hemos estudiado”, señala el doctor Juan Antonio Ortega, coordinador del Comité de Salud Medioambiental de la AEP.
La propuesta se ha planteado durante la celebración de una jornada comunitaria celebrada por la Sociedad de Pediatría del Sureste de España (SPSE) y el CSM-AEP en el marco de la Semana Internacional para la Prevención de la Intoxicación por Plomo 2026 de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Los niños son especialmente vulnerables a los efectos tóxicos del plomo porque su organismo y, en particular, su sistema nervioso están en pleno desarrollo. La exposición puede producirse por la inhalación o ingestión de polvo y partículas contaminadas, por el contacto con determinados suelos o a través de otras fuentes ambientales.
Según la OMS, no se ha identificado un nivel de exposición al plomo que pueda considerarse completamente seguro. Incluso concentraciones relativamente bajas pueden asociarse con alteraciones del desarrollo cerebral, una disminución de las capacidades cognitivas, dificultades de aprendizaje, problemas de atención y cambios de comportamiento. La exposición también puede afectar al crecimiento y, en determinadas circunstancias, provocar anemia o alteraciones renales. En los casos más graves, puede ocasionar daños neurológicos severos.
Uno de los principales problemas es que muchos niños expuestos no presentan síntomas evidentes, por lo que la exposición puede mantenerse sin ser detectada. Por este motivo, los pediatras insisten en la importancia de identificar a los menores que viven en entornos de riesgo antes de que aparezcan manifestaciones clínicas.
El Comité de Salud Medioambiental de la AEP propone elaborar mapas autonómicos de riesgo infantil por plomo, utilizando información sobre suelos contaminados, antiguas explotaciones mineras e industriales, actividades potencialmente emisoras y casos detectados por los servicios sanitarios. El objetivo es identificar áreas concretas en las que pueda existir una mayor exposición y dirigir hacia ellas las actuaciones preventivas.
En estas zonas, los pediatras plantean incorporar la determinación de plomo en sangre a los programas de salud infantil, de forma organizada y según el riesgo ambiental. Cuando se detecten varios casos en un mismo territorio, consideran necesario ampliar la vigilancia y buscar activamente a otros menores que puedan estar expuestos.
“No se trata de realizar análisis a todos los niños, sino de dejar de esperar a que aparezcan nuevos casos en lugares donde ya existen indicios de contaminación. La información ambiental debe ayudarnos a decidir dónde es necesario actuar”, explica el doctor Ortega.
La detección precoz permite identificar al menor expuesto, adoptar medidas inmediatas para reducir su exposición, investigar las posibles vías y establecer un seguimiento clínico adaptado, mientras la investigación ambiental identifica y controla las fuentes. También facilita la valoración de su desarrollo y de posibles problemas de salud asociados. La medida más importante es interrumpir la exposición al plomo, ya que los daños neurológicos producidos no siempre son reversibles. En los casos de intoxicación grave pueden ser necesarios tratamientos específicos bajo supervisión especializada.
La propuesta de los especialistas en salud medioambiental de la AEP se apoya en experiencias desarrolladas en España. La experiencia desarrollada en la Sierra Minera de Cartagena fue impulsada y coordinada clínicamente desde la PEHSU Murcia, en colaboración con Atención Primaria, los laboratorios clínicos y de Salud Pública y la Dirección General de Salud Pública. El modelo integró formación de profesionales, historia clínica ambiental, biomonitorización, seguimiento clínico y comunicación con Salud Pública, y mostró diferencias significativas en las concentraciones de plomo según la proximidad a los suelos contaminados.
Por otra parte, una investigación desarrollada en Bonmatí (Cataluña), en el entorno de una planta de reciclaje de baterías, permitió evaluar la posible exposición de 139 niños. En este caso, solo uno presentó una concentración superior a 3,5 µg/dL y no se observó una relación entre la proximidad de la vivienda a la planta y el nivel de plomo en sangre.
Para los pediatras, ambas experiencias demuestran que la biomonitorización dirigida a territorios concretos permiten tanto identificar situaciones de exposición como descartar una afectación comunitaria generalizada, evitando intervenciones indiscriminadas.
El CSM-AEP considera que esta estrategia debe acompañarse del desarrollo de nuevas capacidades clínicas en salud medioambiental pediátrica. Pediatras y profesionales de Atención Primaria necesitan formación específica, circuitos asistenciales definidos y acceso a Unidades de Salud Medioambiental Pediátrica (PEHSU). El CSM-AEP plantea la necesidad de disponer de al menos una PEHSU de referencia en cada comunidad autónoma.
• Ortega-García JA, et al. Heavy metals screening model in primary care: Experience in the Sierra Minera de Cartagena (Spain). Med Clin (Barc). 2025;164(8):410-417. PMID 39694772. PubMed
• Campillo i López F, et al. Lead exposure in children around a Lead Batery Recycling Plant: an environmental health approach for clinical and community management. Int J Hyg Environ Health. 2026;274:114781. DOI 10.1016/j.ijheh.2026.114781. PubMed
Sobre la Asociación Española de Pediatría
La Asociación Española de Pediatría es una sociedad científica que representa a cerca de 13.000 pediatras que trabajan tanto en el ámbito hospitalario como de atención primaria. Está integrada por todas las sociedades científicas de pediatría regionales y las sociedades de pediatría de las distintas especialidades. El principal objetivo de la asociación es velar por la adecuada atención sanitaria, fomentar el desarrollo de la especialidad, tanto en sus aspectos asistenciales como en los docentes y de investigación, además de asesorar a todas aquellas instituciones competentes en asuntos que puedan afectar o afecten a la salud, desarrollo e integridad del niño y del adolescente, así como divulgar e informar a la población sobre cuestiones de salud infantil.